Descubro un pequeño libro inspirador, Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. Es un autor mexicano muy reconocido (1934). El libro es originariamente de 1972, pero ha sido reeditado varias veces –y no puede ser de otra manera, tratando del mundo editorial. La edición que manejo es de 2010, publicada por la colección Debolsillo de Random House Mondadori. La idea central de la obra es explicar cómo los libros forman parte de la cultura entendida como una conversación que elabora los pensamientos e intereses de los que participan. También subyace cierto mensaje de que habría que leer más y publicar menos. Sería lo equivalente a saber escuchar en un diálogo, saber “conversar”. Aquí van algunas de las mejores frases de la obra:
“¿Qué sentido tiene entonces lanzar libros al infinito, para que se pierdan en el caos? Con raras excepciones, el mundo del libro no corresponde a los mercados masivos e indiferenciados, sino a las clientelas segmentadas, a los nichos especializados, a los miembros de un club de interesados en tal o cual conversación”.
“Todo comercio es conversación: cultura, siempre en riesgo de volverse blablá. Está muy bien sentir que los libros no son mercancía, sino diálogo, revelación; pero no para despreciar el comercio, sino para recordar que, en último término, nada es mercancía”.
“¿Y cuántos cursos universitarios no son más que una lectura tortuosa de un libro a lo largo de un año? ¿Hay manera más segura de hacer un libro completamente inintelegible que leerlo suficientemente despacio?… Así no hay manera de integrar la totalidad, de llegar a ver el mural de un golpe”.
“Publicar es parte de los trámites normales en una carrera académica o burocrática. Es como redactar expedientes y formularios debidamente requisitados para concursar. Nada tiene que ver con leer y escribir. Leer es difícil, quita tiempo a la carrera y no permite ganar puntos más que en la bibliografía citable. Publicar sirve para hacer méritos. Leer no sirve para nada: es un vicio, una felicidad”.
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